Dos himnos a Ganesha

Presentamos dos himnos al dios con cabeza de elefante. El primero, la canción devocional (arati) más popular en Maharashtra dedicada a Ganesha, es atribuido a Ramadasa, conocido generalmente como Ramdas, un santo brahmán vaishnava del siglo XVII, del cual afirman algunos historiadores que fue preceptor de Shivaji, el fundador del imperio maratha. La canción evoca la imagen de Ganesha y comunica la experiencia del darshan, la presencia auspiciosa de la deidad transmitida a través de la mirada:

Hacedor de felicidad, destructor de miserias, cuya gracia extiende el amor a nosotros, y no deja rastro de obstáculo, Tú tienes una capa de plomo rojo sobre todo tu cuerpo y un brillante collar de perlas alrededor de tu cuello.

Victoria a ti, victoria a ti, ¡oh dios de forma auspiciosa! Al verte (darshan) todos los deseos de la mente se cumplen.

¡Oh hijo de Gauri! [Blanca, epíteto de Parvati], Tú llevas un ornamento tachonado de joyas, untado con pasta de sándalo, polvo rojo y azafrán, y una corona de diamante. Todo eso es bello en ti. Pulseras con campanillas tintinean alrededor de tus tobillos.

Victoria a ti, victoria a ti, ¡oh dios de forma auspiciosa! Al verte (darshan) todos los deseos de la mente se cumplen.

Tú posees un gran vientre, vistes seda amarilla y eres alabado por Shesha [la serpiente cósmica donde descansa Vishnú]. Tu trompa es recta, tu colmillo torcido ¡Oh el de los tres ojos! Este devoto de Rama [el sexto avatar de Vishnú], te espera en su hogar. ¡Oh dios reverenciado por todos los grandes dioses, sé compasivo con nosotros en momentos de dificultad y protégenos en momentos de calamidad!

Victoria a ti, victoria a ti, ¡oh dios de forma auspiciosa! Al verte (darshan) todos los deseos de la mente se cumplen.
El segundo himno a Ganesha que presentamos en esta ocasión fue escrito por Jñanadeva o Jñaneshvara, un santo-poeta maharashtra del siglo XIII y está contenido en su Jñaneshvari, un comentario al Bhagavad Gita que alaba la devoción al dios y enseña el camino de la liberación a través de la devoción (bhakti) que conduce al conocimiento (jñana). Jñanedeva comienza su escrito con un elogio a Ganesha, en el cual identifica al Señor con cabeza de elefante con la totalidad de los textos sagrados y el conocimiento:

Los Vedas en su perfección son como la bella imagen del dios y las palabras sin defecto son su cuerpo resplandeciente.

Los Smritis [escrituras derivadas de los Vedas] son sus miembros, la línea de los versos muestra su estructura, y en el significado subyace la casa del tesoro de la belleza.

Los dieciocho Puranas [Crónicas, relatos mitológicos] son sus ornamentos, y las teorías propuestas en ellos son las gemas, para las cuales el estilo rítmico provee los decorados.

La delicada forma métrica es su vestidura multicolor y la composición es la delicada textura brillante.

Los Itihasas [poemas épicos como el Ramayana y el Mahabharata] y los dramas contenidos en ellos, leídos con placer, son como campanas tintineantes que otorgan la música del sentido.

Los diferentes sentidos expuestos cuidadosamente en ellos y lo apropiado del mundo expresado en ellos es similar a las joyas preciosas engarzadas en las campanas.

La sabiduría de Vyasa [compilador del Veda y el Mahabharata] y de los otros sabios es su cinturón, el cual está adornado con borlas que destellan pureza.

Los seis darshanas [puntos de vista de la tradición hindú] son sus seis miembros, y las diferentes teorías propuestas en ellos son las seis armas que sostiene en sus manos.

El arte de razonar es la hachuela, la lógica es la aguijada, el Vedanta es el dulce exquisito [que sostiene en su mano].

En una mano sostiene el colmillo roto, simbolizando el rechazo de las enseñanzas budistas [consideradas heterodoxas por la tradición hindú], refutadas por los comentarios vedánticos.

La doctrina del Atman [Ser universal] es la mano de bendición similar al loto; el establecimiento del dharma [armonía universal] es la mano de la confianza.

Discriminación pura es la trompa recta, donde mora la dicha más elevada de la bienaventuranza suprema.

Discusión imparcial es el colmillo blanco puro; [Ganesha es] el dios elefante de ojos pequeños, destructor de obstáculos [que representa el ojo sutil de la sabiduría].

Observo los dos darshanas [Mimamsa y Vedanta] en sus orejas y las abejas [revoloteando sobre sus templos] son los sabios que prueban el néctar de su enseñanza.

Los temas de dualidad y no dualidad [Vedanta Dvaita y Advaita] aparecen juntos en los templos del que posee cabeza de elefante como si fueran brillantes corales.

Las flores fragantes que adornan la corona de la cabeza son los diez Upanishads, que contienen la miel del conocimiento.

La A del Om [el sonido primordial Aum] son sus piernas, la U es el gran vientre y la M es el gran círculo de su cabeza.

Cuando se unen esas tres, se forma la palabra sagrada. Por medio de la gracia de mi preceptor, saludo a la causa primordial de todos los seres, el Om.
En este himno Jñanadeva nos permite “ver” los textos sagrados, el metro poético, la sabiduría doctrinal, la refutación de la herejía y el propio Sanatana Dharma (tradición hindú) en la “forma” de Ganesha. La palabra sagrada, escrita y hablada, adquiere forma (rupa) visual en la imagen de Ganesha. De manera simbólica, este himno identifica a Ganesha con la doctrina Advaita Vedanta de Brahman como Sat-chit-ananda, Ser-consciencia-beatitud, aunque el propio Jñanadeva era un devoto de Krishna. Este himno se refiere indirectamente a los mitos de Ganesha, pues supone que el lector o el escucha está familiarizado con ellos. El colmillo roto utilizado por Ganesha para vencer a su adversario y transformarlo en el ratón que usa como vehículo, se convierte en un arma que permite vencer la influencia de la herejía budista. El escenario donde derrota a su enemigo no es un campo de batalla sangriento sino el terreno del discurso y el argumento, por lo que el oponente es derrotado mediante la persuasión más que por la fuerza. La impresión principal expresada por el himno es visual: resume el texto, la palabra y la tradición espiritual en una forma revelada por la deidad que puede ser aprehendida por el devoto. De esta manera las palabras del himno prolongan la experiencia visual del darshan, la auspiciosa revelación de la deidad a través de su forma visual.

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