Enoc y el arcángel Metatrón en los libros apócrifos

Los libros de Enoc
Enrique Rojas Gamboa
Dentro de la así llamada literatura apócrifa, destacan por su influencia en la magia y la angelología los textos atribuidos a Enoc,  el séptimo patriarca prediluviano. Son numerados según fueron descubiertos, de manera que poseemos tres ―algunos hablan de cuatro― libros de Enoc. En esta ocasión hablaremos de los dos primeros, publicados por Editorial Yug  y en particular del papel que poseen en ellos los misteriosos seres angelicales conocidos como los Vigilantes o los Guardianes.
Enoc 1
Según los académicos, el Libro de Enoc o Enoc 1, también conocido como Enoc etíope, fue redactado durante un largo lapso de tiempo, perteneciendo sus partes más antiguas (Libro de los Vigilantes) alrededor del 300 a.C. y las más recientes (Libro de las Parábolas) a finales del siglo I a.C.
Considerado apócrifo  por la mayoría de las iglesias cristianas incluyendo la católica, es aceptado como canónico por dos iglesias ortodoxas, la etíope y la eritreana. Aparentemente fue redactado en arameo o hebreo, aunque la versión más antigua que ha llegado hasta nosotros está en geez, un dialecto eclesiástico etíope. Un fragmento de Enoc 1 es citado en la Epístola de Judas (1, 14-15) y varios Padres de la Iglesia, como Atenágoras, Clemente de Alejandría, Ireneo y Tertuliano llegaron a considerarlo canónico; incluso éste último afirmó que los judíos calificaron el texto como apócrifo porque anuncia a Cristo. Fue descubierto en Etiopía en 1773, pero no fue traducido sino hasta 1821 por el doctor Richard Laurence, arzobispo anglicano, profesor de hebreo en Oxford y familiarizado con la cábala y el Zohar.
Consta de cinco secciones: el Libro de los Vigilantes, el de las Parábolas, el Astronómico, el de los Sueños y la Epístola de Enoc. Algunos expertos creen que estas secciones son obras redactadas en épocas diferentes, que posteriormente fueron ensambladas como una sola.
La primera sección, el “Libro de los Vigilantes” (capítulos 1 a 36), describe la caída de los ángeles que reciben dicho nombre, quienes procrearon a los nefilim (gigantes) y cuenta además los viajes de Enoc a los cielos. Dice que este patriarca es “el justo cuyos ojos han sido abiertos por el Señor, y que ha tenido la visión del Santo que está en los cielos”, cuya misión es hablar a los elegidos acerca de las cosas que vendrán. El Libro de los Vigilantes destaca la relación entre ángeles y humanos. Semiazaz  convence a los demás 199 ángeles caídos para que tomen mujeres humanas y les den hijos: “Así pues, ellas concibieron y trajeron al mundo grandes gigantes que eran de tres mil codos”. Los Vigilantes impartieron a los humanos las ciencias y las artes. De esta manera, Azazel  “enseñó a los hombres a hacer las espadas y los cuchillos, el escudo y la coraza del pecho, y él les enseñó los metales y el modo de trabajarlos, y los brazaletes y los aderezos y el arte de pintarse los ojos con antimonio y de embellecerse los párpados, y las más bellas piedras y todos los matices de color y el cambio del mundo”. En otras palabras, les entregó las artes relacionadas con Marte y Venus. Amiziras “enseñó a los encantadores y a los cortadores de raíces, Armaros enseñó a romper los hechizos, Braquiel instruyó a los astrólogos, Kokabiel  les enseñó los presagios, Tamiel  el significado del aspecto de las estrellas y Asdariel enseñó el curso de la Luna”. Estas actividades mágicas y adivinatorias se relacionan respectivamente con Mercurio y la Luna.
Los cuatro grandes arcángeles, Miguel, Uriel, Rafael y Gabriel, apelan ante Dios para juzgar a los habitantes del mundo y a los ángeles caídos. Miguel es enviado para atar a Semiazaz, Uriel anuncia a Noé la llegada del Diluvio,  Rafael es comisionado para aprisionar a Azazel y Gabriel recibe la orden de destruir a los “hijos de la fornicación”, fruto de los Vigilantes y las hijas de los hombres.  El propio Enoc es enviado para advertir a los ángeles caídos cuál será su suerte, los cuales le piden que interceda ante Dios por ellos.
El “Libro de las Parábolas” (capítulos 37 a 71), desarrolla la idea del Juicio Final y la escatología, es decir, el destino final de los ángeles caídos y los malvados reyes humanos. Miguel se enfada por la severidad del castigo a los ángeles rebeldes y se mencionan los nombres de los principales de esos ángeles como Gadriel,  el seductor de Eva, Panemue,  quien enseñó la escritura y Kasbeel,  quien pidió a Miguel le revelara el Nombre divino que confiere el poder sobre todo lo creado.
El “Libro Astronómico” (capítulos 72 a 82) describe el movimiento de los cuerpos planetarios como un conocimiento revelado a Enoc en sus viajes por el cielo, y detalla un calendario solar usado por los esenios.
El “Libro de los Sueños” (capítulos 83 a 90) contiene una visión de la historia de Israel hasta el Día del Juicio.
La “Epístola de Enoc” (capítulos 91 a 108) incluye cinco subsecciones: Apocalipsis de la Semana (la historia del mundo narrada en diez periodos o semanas, siete las pasadas y tres las futuras), Exhortación, Epístola propiamente dicha, Nacimiento de Noé y Conclusión.
Enoc 2
El segundo libro de Enoc o Enoc 2, también conocido como Enoc eslavo e incluso El libro de los secretos de Enoc, fue conservado en eslavo eclesiástico (idioma litúrgico de la iglesia ortodoxa rusa) pero su original parece que fue griego, que a su vez pudo proceder del hebreo o el arameo. Datado a finales del siglo I a.C. o al menos antes de la destrucción del Templo (70 d.C.), Enoc 2 fue descubierto en 1880 en los archivos de la Biblioteca Pública de Belgrado. Actualmente hay más de veinte manuscritos y fragmentos datados entre los siglos XIV al XVIII que presentan dos versiones diferentes, una llamada larga y otra corta. Algunos académicos consideran que fue compuesto por un grupo sectario judío, otros que es un texto cristiano perteneciente al siglo I. Al parecer Orígenes (siglo III) se refiere a este texto en uno de sus escritos. La traducción más conocida, debida a W. R. Morfill (el primer profesor de ruso en Gran Bretaña) con notas de R. H. Charles (teólogo y archidiácono de Westminster), fue publicada en 1896.
El texto se divide en cuatro secciones. En la primera, “Libro de los seis primeros cielos” (capítulos 1 a 21), el patriarca Enoc, con alrededor de 365 años, es llevado por dos ángeles a través de los cielos. En el primero de ellos conoce a los ángeles que rigen las estrellas, la nieve y el rocío. En el segundo cielo encuentra a los ángeles apóstatas que están colgados en espera del Juicio Final. En el tercero ve árboles de flores aromáticas y frutos amables y en medio de todos ellos el Árbol de la Vida, así como el Paraíso y el Infierno de los hombres. En el cuarto cielo mide las órbitas del Sol y de la Luna, y conoce a Fénix y a Chalquidri, dos monstruos solares dotados con cabeza de cocodrilo y  alas, así como patas y cola de león. En el quinto observa a los grigori,  los ángeles que se rebelaron contra el Señor, en especial a tres de ellos que se mezclaron con las hijas de los hombres y dieron origen a los gigantes. Los grigori tienen apariencia humana, pero son más altos que los gigantes, sus rostros son macilentos y melancólicos, y sus bocas están “en perpetuo silencio”, a diferencia de las huestes angélicas que alaban a Dios. Enoc amonesta a los grigori, los convence para que reasuman su servicio litúrgico y ellos “rompen a cantar a una sola voz, y su voz subió ante el Señor en un modo lastimoso y conmovedor”. En el sexto cielo ve a los arcángeles, los cuales controlan la marcha del mundo natural y juzgan las acciones de los hombres.
En la segunda, “Libro de los secretos” (capítulos 22 a 37), el patriarca es guiado por Gabriel y entra al séptimo cielo, donde contempla los diez órdenes angélicos, así como al Señor, después de ser ungido por Miguel y llegar a ser similar en apariencia a los ángeles. Dios comprueba la obediencia de sus ángeles cuando se inclinan ante Enoc, pero un grupo de ellos, identificado como los ángeles de Satanail, se rehúsa. Son apresados, pero eventualmente reverencian a Enoc llamándole “hombre de Dios”. El Señor pide al ángel Vereviel que dicte a Enoc 360 libros que contengan todo el conocimiento. Posteriormente, Dios revela a Enoc los secretos de la creación hasta el Diluvio, los cuales eran desconocidos incluso para los ángeles. Finalmente Enoc es enviado a la Tierra por treinta días.
La tercera sección, “Enseñanzas de Enoc” (capítulos 38 a 68), es una lista de instrucciones doctrinales y éticas entregadas por Enoc a sus hijos. Es notable en esta sección la falta de interés por el pecado de fornicación y ni una sola vez se habla de la ley mosaica. Además, el patriarca enseña lo inútil de la intercesión. Al final de los treinta días Enoc es llevado a los cielos para siempre.
La cuarta y última sección, no siempre incluida en las traducciones de este libro, es conocida como “Exaltación de Melquisedec” (capítulos 69-73). En ella se descubre la sucesión sacerdotal de Enoc. Su hijo Matusalén es requerido por el pueblo para actuar como sacerdote, pero esta solución se considera temporal. Lo mismo el sacerdocio de Nir, nieto de Matusalén. A continuación se narra el nacimiento milagroso de Melquisedec y su nuevo sacerdocio. La versión larga de esta sección termina con una narración del Diluvio.
Como dijimos al principio de este artículo, si bien en los textos canónicos judíos y cristianos Enoc tiene un papel discreto, para la cábala este patriarca se transformó en el arcángel Metratón y desde entonces ayuda a los hombres en su camino espiritual. Si bien los textos que se atribuyen a Enoc están fuera de la Tanaj, la Biblia judía, tienen gran importancia para la angelología y la magia cabalística. Recordemos que conocer los nombres de los ángeles, caídos o no, permite invocarlos y, por lo tanto, participar de su poder. Pero los nombres de los Vigilantes que ofrecen Enoc 1 y Enoc 2 no coinciden con la lista de los 72 ángeles caídos que aparece en la “Goecia”, el primer capítulo de la Clave menor del rey Salomón, uno de los principales grimorios “oscuros”, del que hablaremos en una próxima entrega.
Recomendamos
Libro de Henoc, México, Yug, col. Grandes Arcanos núm. 7. Esta edición está basada en la traducción del doctor Richard Laurence.
El libro de los secretos de Henoc, México, Yug, col. Grandes Arcanos núm. 13. Esta edición se basa en la traducción de W. R. Morfill.
Oración hebrea de la mañana
Incluida en el Sidur o Libro común de oración, que contiene plegarias, meditaciones y textos usados durante diversos ritos como la circuncisión, el matrimonio y los funerales, la Oración de la Mañana es uno de los rezos cotidianos más bellos de la tradición judía. Isaac Luria, el gran cabalista del siglo XVI, enseñó a sus discípulos el sentido interno de las oraciones del Sidur y las meditaciones que deben acompañarlas. La presente versión se basa en una traducción del hebreo al inglés debida a Simeon Singer que en este 2015 cumple exactamente cien años.
Bendito seas, oh Señor nuestro Dios, rey del universo, que alejas el sueño de mis ojos y la pesadez de mis párpados.
Bendito seas, oh Señor nuestro Dios, rey del universo, que nos has dado la verdadera Ley y que has sembrado la vida eterna entre nosotros.
Moisés estableció la Ley como herencia para la congregación de Jacob.
Escucha, oh Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno, bendito sea su nombre, cuyo glorioso reino es por siempre y para siempre.
Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.
Y estas palabras que te ordeno hoy deberás guardarlas sobre tu corazón y enseñarlas atentamente a tus hijos, y deberás decirlas cuando estés sentado en tu casa y cuando camines en un sendero, cuando te acuestes y cuando te levantes. Y las atarás como un signo sobre tu brazo y en la frente entre tus ojos. Y las escribirás sobre el dintel de tu casa y sobre las puertas.
Oh mi Señor, guarda mi lengua del mal y mis labios de pronunciar engaños.
Abre mi corazón a tu Ley y permite a mi alma seguir tus mandamientos.
Que las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón sean aceptables para ti, oh Señor, mi roca y mi redentor.
Los trece principios de la fe según Maimónides
Se dice que entre Moisés (el patriarca) y Moisés (Maimónides) no hubo otro Moisés, para dar entender la altura espiritual de este rabino, médico y teólogo nacido en Córdoba (1138) y muerto en Egipto (1204). Como lo haría santo Tomás de Aquino respecto al cristianismo, Moisés Maimónides reconcilió el pensamiento aristotélico con la tradición judía. A él se deben los siguientes trece principios que resumen la doctrina judía.
1.Dios es el creador y gobernante de todas las cosas. Él solo ha hecho, hace y hará todas las cosas.
2.Dios es uno. No hay ninguna unidad como la suya.
3.Dios no tiene cuerpo. Los conceptos físicos no le son aplicables.
4.Dios es primero y último.
5.Es propio orar solo a Dios. No debe orarse a nadie ni a nada más-
6.Todas las palabras de los profetas son verdaderas.
7.La profecía de Moisés es absolutamente verdadera. Fue el principal de todos los profetas, tanto anteriores como posteriores a él.
8.La Torá completa que ahora tenemos s la que Moisés recibió.
9.La Torá nunca cambiará y Dios nunca dará otra.
10. Dios conoce todos los hechos y pensamientos del hombre.
11. Dios premia a quienes guardan sus mandamientos y castiga a los que los transgreden.
12. El Mesías vendrá.
13. Los muertos serán resucitados.
La Torá y su amada
La cábala (“transmisión”) es el aspecto esotérico de la tradición judía, la cual retoma los temas de la creación, la Caída del hombre, la revelación y la historia del pueblo judío, pero descubre su sentido espiritual. Posee técnicas hermenéuticas especiales (guematría, notaricón y temura) para descifrar el mensaje esotérico de la Torá y propone el uso de rituales, devoción y un método de contemplación similar al yoga para elevarse hacia Dios. Sus textos principales son el Zohar (Libro del Esplendor) y el Sefer Yetzirá (Libro de la Formación). El primero de ellos es atribuido a Shimon bar Yohai, un sabio del siglo I, pero la crítica moderna supone que su autor es Moisés de León, un cabalista español del siglo XIII. El siguiente relato, perteneciente a la segunda parte del Zohar, está basado en la traducción de Esther Cohen y Ana Castaño.
En efecto, la Torá deja salir una palabra de su cofre; ésta aparece por un momento e inmediatamente después se esconde. Cuando sale de su cofre, se revela y de inmediato se esconde nuevamente, lo hace sólo para aquellos que la conocen y están familiarizados con ella, ya que la Torá es como una doncella bella y majestuosa que se oculta en su palacio en una recámara escondida. Tiene un único amante que vive oculto y del cual nadie conoce su existencia. Por amor a ella, él se pasea continuamente alrededor de la puerta de su casa. ¿Qué hace ella? Abre un pequeño resquicio en esa recámara oculta donde se encuentra, muestra por un momento su rostro al amado e inmediatamente se esconde de nuevo. Todos aquellos que eventualmente se encontraran cerca de ese enamorado no verían nada y no percibirían nada. Sólo el amado ve; su corazón, su alma y todo en su interior sale y se dirige hacia ella. Y el sabe que por amor suyo, ella se reveló por un momento. Así sucede también con la palabra de la Torá. Se revela sólo a quien la ama. La Torá sabe que ese jakim libá (sabio del amor, el que posee el intelecto del amor) se pasea cotidianamente frente a su puerta. ¿Qué hace? Le revela su rostro desde el palacio escondido, hace una señal y de inmediato regresa a su lugar y se esconde. Todos los que están ahí no lo ven y no saben, sólo él ve, y su interior, su corazón y su alma salen y van hacia ella. Por lo tanto, también la Torá se manifiesta y se esconde, enamorada se dirige hacia a su amado y esparce su amor en él. Ven y ve: ésta es la vía de la Torá. Al inicio, cuando quiere revelarse al hombre por primera vez, le hace una señal por un momento. Si él entiende, bien; si no entiende, le manda un mensaje y lo llama tonto. La Torá le dice a aquel que envía en su nombre: dile a ese tonto que debe venir aquí para que hable con él. Se lee: “Si alguno es simple, véngase acá” (Proverbios 9, 4). Si él se acerca, empieza a hablar con él detrás de un velo, le dice palabras que corresponden a su intelecto hasta que él, lentamente, mira hacia adentro y entra; a esto se le llama derashá (discurso). Entonces habla con él a través de un velo fino de palabras alegóricas; a esto se le llama hagadá (narración). Sólo cuando él ha adquirido familiaridad con ella, ella se le revela cara a cara y habla con él de todos sus misterios ocultos y de todos sus caminos secretos que están es su corazón desde el principio de los tiempos. Entonces se le considera un hombre completo, un “maestro”; eso significa “esposo de la Torá” en el sentido preciso del término, como el señor de la casa a quien ella revela todos sus misterios sin ocultarle nada. Le dice: Ves ahora cómo en aquella señal que te hice al inicio están contenidos en una palabra tantos misterios y su esclarecimiento. Entonces él ve que en efecto no hay nada que agregar a esas palabras ni nada que quitarles. Y sólo entonces le queda claro el verdadero sentido de la palabra de la Torá tal como es, y no está permitido agregarle o quitarle ningún elemento a su letra. Por lo tanto, los hombres deben tener cuidado de estar detrás de la Torá (estudiarla con gran precisión), para convertirse así en sus amantes, como ha sido descrito.
Zohar II, 99a-99b.
Sefer Yetzirah,
W. Wynn Westcott,
Editorial Yug,
México, 81 págs.
El Sefer Yetzirah o “Libro de la Formación” forma, junto con el Zohar, la pareja de los principales textos de la cábala. Se atribuye al patriarca Abraham, pero quizá fue redactado hacia el siglo II. En él aparece la primera referencia a las sefirot y es el fundamento de toda la magia talismánica posterior. La presente traducción, realizada por uno de los tres fundadores de la ya legendaria organización conocida como la Golden Dawn, incluye invaluables notas explicativas.
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